Si me preguntas a qué me dedico simplemente te diré que estoy viviendo.

Soy lo que voy haciendo y hago lo que soy.

Cuando era pequeña, todos mis profesores veían en mí una buena alumna: trabajadora, responsable y estudiosa. Insistían siempre en que podía llegar donde me propusiese pero, ¿qué me querían decir con ello? Al principio, cuando lo escuchaba me halagaba; pero después, se fue convirtiendo en una losa. Una losa cada vez más pesada. Y es que aquella posibilidad de poder llegar donde me propusiese se estaba convirtiendo dentro de mí en un ruido ensordecedor: la obligación de ser algo que supuestamente tenía que llegar a ser, pero que no sabía qué era.

¿Qué tengo que llegar a ser? Para poder responder esa incógnita me he pasado la vida buscando fuera, estudiando todo lo que llegaba a mis manos, creyendo que así lo encontraría. Estudiaba porque estudiar me era cómodo y pensaba que encontraría la respuesta a cuál era mi propósito de vida sumergiéndome en diferentes estudios. De esta manera, cursé el grado de Comunicación Audiovisual en la Universitat Jaume I y, seguidamente un máster de Marketing e Investigación de mercados. Al finalizar, seguía sin saber responder a la pregunta inicial: ¿a qué quería dedicarme?, ¿qué es lo que se me daba bien? Pero no obtenía respuesta o tal vez esa no era la pregunta.

Había conseguido una beca a la excelencia académica tras acabar la Universidad, así que pensé que ya que se me daba bien estudiar y la beca lo cubría, debía seguir buscando respuestas en el estudio. Estudié un master de Marketing Digital en la Escuela Marketing and Web de Miguel Florido, ya que me había decantado por el marketing anteriormente, pensaba que al profundizar más en ello podría encontrar mi propósito. De nuevo, al terminar, seguía teniendo la misma sensación. Siempre faltaba algo. Estudiaba, pero luego no sabía qué hacer con ello, no tenía un proyecto real de mi propia vida.

Al valorar las diferentes ofertas de trabajo relacionadas con mis estudios, en todas encontraba requisitos que sentía no poder cubrir. Y de nuevo, decidí estudiar algo más que estuviera relacionado con los estudios que ya tenía. Esta vez opté por diseño gráfico y diseño web en Idecrea, Escuela de diseño y artes digitales en Valencia. Cuando terminé este último estudio me di cuenta de que estaba cansada de no encontrar respuesta fuera. Y sentí que había llegado a un camino sin retorno, un callejón sin salida. Y, tal vez por eso mismo, algo ocurrió. Fue una frase la que me hizo cambiar mi perspectiva:

Has de dejar de buscar para encontrar.

Comprendí que debía de dejar de intentar algo para hacer mi vida. Y al dejar de buscar fuera comencé a encontrarme presente en mi propia vida. Y desde aquí pude empezar a dar respuesta a lo que llegaba a mí.

De esta forma descubrí que las respuestas no están en la cabeza, sino que vienen a las manos, al hacer, al trabajar, al tirarte a la piscina. Y comencé a sentirme viva, libre y sabiendo que cada paso que doy desde mí en el camino me acerca a lo que quiero de mí. Y aquí me siento bien, tranquila, segura. Disfrutando de lo que viene a mí. Viviendo.

Hoy ya no busco respuestas. Sólo me vivo. Y entonces, la respuesta me encuentra.